El declive político de Suárez y Carrillo

Otra de las claves del golpe también estaba en manos de un hombre, Santiago Carrillo. A partir de la legalización del PCE, tanto los militares, como la iglesia y otras personas que conspiraban contra el gobierno de Suárez, adquirieron una justificación para un posible golpe de estado. El hecho, es que el 23 de febrero de 1981, Carrillo era un hombre tan políticamente cuestionado como Suárez. No se ha encontrado una teoría clara de si Carrillo también tuvo que ver o incentivó la atmósfera irrespirable que se vivía en los meses anteriores al golpe, pero desde este trabajo creemos que es importante conocer cual era la situación de dos hombres, tan diferentes ideológicamente, como parecidos en su situación dentro de ese momento de la historia.

Tanto Suárez como Carrillo, tal y como explica Cercas en Anatomía de un instante, eran dos políticos puros, que no concebían la política si no era desde el poder y que habían prosperado, con sus correspondientes diferencias, en una jerarquía muy inflexible. Además, eran demócratas convencidos, aunque un poco tardíos. Y los dos eran amigos.

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo se abrazan en presencia de Jesús de Polanco. EFE

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo se abrazan en presencia de Jesús de Polanco. EFE

Se conocieron a finales de febrero de 1977 y ya antes de su encuentro, ambos sabían que sin un acuerdo mutuo, la democracia no era posible. Para la legalización del Partido Comunista, ambos tenían un papel asignado: Suárez deberá dar visibilidad y apoyar la legalización del partido y Carrillo deberá convencer a los suyos de que los pactos son necesarios. Ambos lo cumplieron y el 9 de abril de ese mismo año, el PCE se legalizó, erosionando las relaciones de Suárez con los militares (eternos enemigos del comunismo) y creando lo que seria el caldo de cultivo del intento del golpe de estado. Durante los días posteriores a la legalización del PCE, el golpe de estado parece inminente, pero no se produjo por la aceptación de los comunistas de la bandera y emblemas monárquicos.

Rueda de Prensa del PCE tras su legalización con la bandera bicolor. http://corrientepropia.blogspot.com.es

Rueda de Prensa del PCE tras su legalización con la bandera bicolor. http://corrientepropia.blogspot.com.es

Después, en las elecciones de junio de 1977, el PCE apenas sobrepasó el 9% de los sufragios, menos de la mitad de lo que esperaba Carrillo. A partir de ahí, Carrillo también fue cavando (o le fue cavando su propio partido, mejor dicho) su tumba política. No obstante, Suárez tenía en Carrillo un fiel aliado (acordaron juntos los Pactos de la Moncloa), además de un amigo.

Firma de los Pactos de la Moncloa. EFE

Firma de los Pactos de la Moncloa. EFE

El declive de Carrillo, ya erosionado por las voces discordantes que no aceptan el eurocomunismo al que se ha adherido al PCE (variación del comunismo que se desliga de la Unión Soviética y de la dictadura del proletariado), se hace evidente en noviembre de 1977, cuando Santiago Carrillo hace pública la decisión del abandono del leninismo por parte del PCE. Estas diferencias, que hasta las elecciones de 1979 permanecen algo soterradas, se abren con los malos resultados del PCE en estos comicios. Se convirtieron en un partido aislado, sin influencia para ayudar al gobierno a gobernar.

En enero de 1981 se producía la ruptura del Partido Comunista Catalán, con lo cual en vísperas del 23 de febrero, tanto Carrillo como Suárez, eran dos hombres parecidos: “ambos eran ahora dos hombres políticamente acosados y personalmente disminuidos, sin crédito ante la opinión pública, atacados con furia dentro de sus propios partidos” (Cercas, 2009: 204).

Antes del 23 de febrero, Suárez y Carrillo tenían por aquella época una escasa relación y muchos afirman, como Javier cercas, que Santiago Carrillo fue de los pocos líderes políticos que no conspiró contra el gobierno de Suárez y en favor de un golpe de estado: “en el otoño y el invierno de 1980 Carrillo fue uno de los pocos políticos de primera línea que no participó de en las maniobras políticas contra Suárez que prepararon el 23 de febrero, y jamás mencionó golpes de bisturí o de timón como no fuera para denunciar que esa terminología tenebrosa y esos coqueteos con el ejército constituían la munición ideal del golpismo” (Cercas, 2009: 204). Lo cierto, es que el gesto de ambos mientras los golpistas asaltaban el Congreso, de no tirarse al suelo, es tan revelador que da para una investigación entera.

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